Un nuevo movimiento llamado repolitización
Colombia como nación democrática históricamente viene experimentando las consecuencias generadas por la globalización, la cual se ha expresado en nuevas políticas económicas que en su afán de generar desarrollos productivos han afectado a una gran parte de la población, especialmente a los más vulnerables como son las comunidades indígenas y campesinos.
El impacto de estas políticas se vio reflejado en el despojo de tierras en las comunidades indígenas y campesinas, donde se impuso la figura del terrateniente el cual buscaba apropiarse de la mayor cantidad de tierras con el apoyo de grupos al margen de la ley, quienes aplicaron prácticas violentas y sanguinarias que generaron terror, obligando a la población a desplazarse forzosamente a otros territorios de la geografía del país, la mayoría de las personas se ubicaron en grandes ciudades en condiciones de pobreza absoluta, situación que ha aumentado las difíciles condiciones de sobrevivencia ya que las políticas de Estado no han podido, a pesar del pasar de los años, brindar una solución justa para estas comunidades.
En Latinoamérica actualmente se vienen gestando cambios drásticos en el pensamiento democrático como lo manifiesta Luis Javier Orjuela (2007) en su documento La compleja y ambigua repolitización de América Latina “En cambio, en la primera década de los años 2000, la transición a la democracia, la lenta pérdida de terreno del neoliberalismo, la reacción de los sectores populares en su contra y la decisión de la izquierda de apostarle, más seriamente, a la acción política democrática y electoral han significado una repolitización de la región” (p.18).
Colombia no ha sido ajena a este nuevo movimiento pues se han venido generando manifestaciones de comunidades a nivel sectorial, las cuales se identifican con el interés de repolitizar la democracia de tal manera que permita provocar cambios significativos como lo plantea Ovidio S. D´Angelo Hernández (2004) en su documento Autonomía integradora y transformación social: EL DESAFÍO ÉTICO EMANCIPATORIO DE LA COMPLEJIDAD “Este es un planteamiento esencial, a mi juicio, porque da pie al análisis de las condiciones de contradicción que resurgen de manera diferente y permanente, en las nuevas condiciones sociales de transformación. Ello implica no ver los procesos de transformación social como acabados ni como realizaciones de verdades absolutas. Todo ideal de práctica transformativa genera sus propias y nuevas contradicciones, en los terrenos de lo económico, lo social, lo cultural y lo político; inclusive las nuevas formas de relación social surgidas de un proceso revolucionario de transformación anticapitalista pueden generar (y la historia ha sido convincente al respecto) sus propias deformaciones y contradicciones, opresiones y alienaciones, que necesitan ser reenfocadas de manera permanente”.
Ante la difícil situación de injusticia social y económica que vive nuestro país, han obligado a que la sociedad, en especial los jóvenes, estudiantes, líderes sociales, sindicatos de trabajadores, comunidades indígenas, afro y campesinas; a través de sus propias organizaciones sociales (ONIC) se manifieste a partir de expresiones de protestas ciudadanas que dìa a dìa ha logrado adherir más personas con el objetivo de generar una nueva alternativa de democracia, que permita tener una percepción más clara y real de lo que esta ocurriendo en nuestro país con la firme intención de buscar nuevas alternativas de solución, pero que garantice la verdadera participación del ciudadano generando un drástico cambio como lo manifiesta Orjuela (2007) “Se trata de una izquierda reformista y pragmática, sin perfiles ideológicos fuertes. En lugar de una confrontación total contra el capitalismo global y neoliberal o, incluso, un drástico cambio de modelo macroeconómico, postulan un capitalismo moderado, de corte socialdemócrata, que intenta articular las exigencias de la acumulación de capital con la ampliación del acceso de los sectores excluidos a la ciudadanía, el mercado y el consumo, y en general, las aspiraciones de bienestar social de la población” (p.12).
A pesar de las adversidades que han sufrido las comunidades afectadas, es importante destacar el interés al interior de las mismas por mantener una activa participación en la búsqueda de soluciones y apoyo gubernamental para sus diferentes problemáticas, para ello han contado con la ayuda y acompañamiento de organizaciones sociales, las cuales buscan apoyar comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas en el diseño y realización de acciones que les garantice protección, recuperación de sus territorios, de sus recursos naturales y cuidado del ecosistema, con proyectos que puedan impulsar su propio desarrollo productivo sostenibles. Tal como lo desarrollan las organizaciones Semillas y FEM.
Además estas organizaciones están comprometidas con una vigilancia permanente por el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Estado, para garantizar el bienestar social, respeto de los derechos humanos y los derechos consagrados en la Constitución Política Colombiana para los grupos étnicos.
En conclusión, se puede tener esperanza en que las nuevas generaciones continuarán impulsando nuevos ideales sociales, políticos y económicos que fomenten la verdadera participación democrática del ciudadano, haciéndole partícipe directo de su realidad inmediata y en la construcción de soluciones viables y efectivas que permitan acabar con la pobreza, desigualdad y exclusión de la sociedad colombiana.
Referencias
Orjuela,L.(2007). La compleja y ambigua repolitización de América Latina. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=81206602
Hernández, D. (2004). Autonomía integradora y transformación social: EL DESAFÍO ÉTICO EMANCIPATORIO DE LA COMPLEJIDAD. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/cips/20120822100925/angelo.pdf
Quiénes somos Grupo Semillas. Grupo Semillas. Recuperado de http://www.semillas.org.co/es/quienes-somos
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